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jueves, 6 de octubre de 2011

Ignacio Ramonet: "Hoy los periodistas están poco protegidos"




En “La explosión del periodismo”, su nuevo libro, el semiólogo español analiza los cambios que Internet detonó en el sistema mediático y la siempre tensa relación entre el que informa y el poder

 

POR HORACIO BILBAO

Desde que Internet se volvió masiva, digamos, hace unos 15 años, el trabajo de los periodistas entró en una nueva dimensión. Si contar, analizar y contextualizar los hechos centrales de nuestra civilización siempre ha sido la tarea, esa tarea está cada vez más conectada, invadida, por otra impostergable, la de explorar las características de esta nueva atmósfera mediática. Expertos en arte, política, economía, deportes o cualquier otra especialidad, dividen su tiempo y libido en analizar el medio que les cayó encima, en tratar de entenderlo para terciar en esta encrucijada que por ahora no ofrece salidas claras. Lo sabe bien el semiólogo español Ignacio Ramonet, que ha pasado por la Argentina respondiendo a una metralla de preguntas. Llegó para hablar sobre las rebeliones en el mundo árabe y para difundir su nuevo libro, La explosión del periodismo. Internet pone en jaque a los medios tradicionales (Capital Intelectual) y ha andado a los saltos entre el mundo virtual y el físico para explicarse. Del laboratorio al terreno de juego, del pensamiento a las prácticas concretas. De la crisis europea a esta Argentina en la que todo se debate y cuestiona. Y todo, en una atmósfera de enorme confusión.

-Su libro está atravesado por un concepto clave: la inseguridad informacional. Y para explicarlo apela a factores negativos, muchos devenidos de Internet. ¿No cree que esta inseguridad informativa, a largo plazo, puede favorecer el desarrollo de una mirada crítica de las audiencias?
-Mi intención no era presentarlo ni positiva ni negativamente, sino hablar de un concepto que hasta ahora no había sido descripto, la inseguridad informativa. Hoy, cuando los ciudadanos toman contacto con la información, no están seguros de que esa información sea verdadera. No me refiero a una intencionalidad de mentir, sino a que el sistema mediático no puede garantizar en el momento que emite la información, que esa información sea verdadera. Por ejemplo, todos los días nos enteramos de que Kadafi se encuentra en tal lugar, que va a ser detenido, que al hijo de Kadafi lo dieron por detenido… ¿Quién está en el origen? No me interesa. Me interesa que la información no funciona.

-¿No importa a quiénes beneficie o perjudique?
-No es pertinente. Lo que me interesa es que el sistema tiene averías. No puede impedir que una información no verificada, que va a ser desmentida, llegue al público. El sistema que se dice “el más sofisticado de la historia de la comunicación”, con más tecnología, es incapaz de dar una información elemental. Eso es lo que llamo inseguridad comunicacional. Es semejante a muchas otras inseguridades. La alimentaria; consumes carne o fruta y te estás envenenando. La inseguridad, de una dimensión estructural en nuestras sociedades modernas, también existe en la información.

-La erosión de la confianza se suma a la erosión de los soportes físicos –el libro habla de la información como fluido constante– y los medios enfrentan un escenario preocupante. Las respuestas que venimos dando son pobres, ¿habrá salida?
-Quizá nuestro error sea pretender que una información, cuando la recibimos, ya esté perfecta. Eso es una exigencia de la era industrial, que se caracteriza precisamente porque las cosas se realizan, se fabrican, exactamente como han sido previstas. En la era digital no es así. Aunque nos choque, aunque nos escandalice, la información, cuando se difunde, es una información aproximada. Tenemos que ir perfeccionándola, interviniendo con herramientas, corrigiendo de aquí y de allá. Los propios periodistas, el sistema mediático, ya no controlan la información. En cierta medida, ya no ejercen el monopolio de la información. Hay que contar cada vez más con la información de los internautas para poder construir una información más exacta.

-Es llamativo que esa pérdida de confianza en los medios no se traslade a las compañías de Internet, a Facebook, Twitter y Google, que son empresas y se están quedando con las rutas de circulación informativa. ¿Cómo ve ese nuevo esquema?
-En esta fase incipiente en la que estamos, eso aún no se ve. Muchos internautas no ven que Google es una empresa, hace sus negocios, tiene sus beneficios gigantescos. Por el momento se ve el aporte de estas redes sociales. Pero yo digo en el libro que la información, en el sentido estricto de la palabra, se ha transformado en una materia prima estratégica: una empresa de telefonía gana más dinero que una petrolera. Se hace dinero utilizando esa materia prima que es la información.

-Hay quienes ven en esa relación con Google o Facebook un mecanismo de dominación del tipo deleuzeano, foucaultiano, que es voluntario, no coercitivo…
-Yo diría que en este momento hay una colaboración objetiva entre los usuarios y las empresas. Primero los usuarios les están agradecidos por haber inventado las herramientas que antes no existían. Esa fascinación hace que no se vea la relación de poder que varios filósofos plantearon.

-Pese a las calamidades que sacuden la escena mediática, ve un horizonte de democratización de la información.
-Eventual.

-Destaca ideas como la de Nicholas Carr, que dice que Internet idiotiza. Si esto es así, difícilmente se vuelva más democrática, es contradictorio.
-Teóricamente, Internet permite una mayor democratización del conocimiento y un uso democrático de la política. Muchas informaciones indispensables ya circulan por Internet. Entonces, teóricamente, se puede avanzar hacia una democratización del saber, del conocimiento. Ahora, las dificultades son las de siempre. Carr dice que cuanto mayor es la extensión, menor es la profundidad. El no dice que idiotiza, sino que desarrolla ciertas aptitudes. Por ejemplo, ser capaz de saltar de un tema a otro muy rápidamente. Eso imposibilita prácticamente profundizar en un solo tema... Lo que se gana por un lado, se pierde por otro. Internet es a la vez una posibilidad virtual de ir hacia una democratización del conocimiento y de la información pero también es la posibilidad de ir hacia una cretinización de la sociedad informatizada.

-Y apenas pasaron 20 años…
-Sería imprudente decir, como hace mucha gente, “Internet es  ya una catástrofe”.

-¿Quiénes serán los nuevos encargados de marcar agenda? ¿Wikileaks? ¿“Celebrities” que en Twitter tienen más seguidores que muchos medios? Pueden tener información de primera mano pero no van a contextualizarla...
-Por el momento es muy confuso. Internet, digamos, es el porvenir mediático. Vamos en esa dirección. Los poderes aún funcionan con los hábitos tradicionales y aún no han aparecido nuevos medios de información en línea capaces de tener esta influencia de marcar agenda. Pero ya hay indicios. Por ejemplo, quien más marca la agenda en la política interior americana no es The Washington Post ni The New York Times. Es Politico.com, un diario digital para el que escribo. Han inventado un ritmo nuevo de hacer información, se consagran a la política del Congreso y a la actividad del Congreso y por consiguiente la información tiene un funcionamiento nuevo. Y si los medios tradicionales siguen teniendo influencia ¿por qué es? The New York Times que vende 200.000 ejemplares en una tirada, digamos, de 350.000 tiene 43.000.000 de usuarios en la Web. Esa es la masa crítica del diario. Digo que ya están surgiendo medios nuevos, específicos de la era de Internet y que están marcando agenda, pero no se puede extrapolar al resto del mundo.

-¿Cuáles son los medios más afectados?
-No son los periódicos, es la CNN, que tal vez vaya a desaparecer el día menos pensado; algo inconcebible el 11 de septiembre de 2001. Los periódicos no van a desaparecer, porque la sociedad seguirá necesitando información con otro ritmo, más lenta, que es lo que permite la prensa escrita, con periodistas capaces de contextualizar, que es algo fundamental para situar la noticia en tiempo y espacio. Y, por otra parte, la capacidad de que un medio escrito tenga algo que ver con un estilo literario. Los ciudadanos siempre querrán leer historias bien contadas. Hay que recordar que el público actual está mucho mejor formado que cualquier otro público de una época anterior, y está exigiendo más… Hay razones para ser optimistas.

-Pero el escenario para los periodistas se volvió frustrante. El espacio para el reportaje se reduce y seduce más el documental o la publicación de libros. ¿Son alternativas reales?
-Los mejores periodistas de la prensa televisada se están yendo al documental, efectivamente. Por otra parte, hoy en día, existe esta gran angustia por parte de los periodistas ya que su estatuto social se ha degradado, la situación material y social a escala internacional…

-Pienso en el caso del Journal de Montreal: la redacción estuvo de paro y el periódico siguió saliendo con el aporte de los usuarios hasta que los periodistas cedieron en sus reclamos.
-Es una lección, la he seguido de cerca. Resulta que cuando los periodistas recurren a la huelga, se puede hacer el diario simplemente convocando a los internautas.

-¿Qué pasa con las asociaciones de periodistas, los sindicatos?
-No sólo eso, también las sociedades de periodistas porque en Francia en particular, muchos periódicos, como el caso de Le Monde, donde trabajé, que se crearon en contextos como la liberación de Francia y donde los periodistas tenían un poder importante en la gestión del periódico, la crisis económica de esos diarios ha llevado a la casi desaparición del rol de esas sociedades. Por consiguiente, hoy los periodistas están muy poco protegidos.

-Aquí, en la Argentina, el clima es raro: categorizaciones, eufemismos, periodistas militantes, periodistas corporativos, ¿será necesario que los periodistas definamos una posición?
-Creo que el deber principal de un periodista es producir información según criterios profesionales. Hablar de periodistas militantes es una contradicción en su término, pero existe. Y también existen empresas militantes. Eso no es bueno para los periodistas, no es bueno para la relación que tiene que tener el medio con la sociedad. La sociedad necesita del periodismo. El periodismo está para desvelar lo que no funciona en una sociedad desde muchos puntos de vista. En una sociedad democrática, este tipo de debate que ustedes tienen aquí en la Argentina, surgen. Mira, Francia con toda su experiencia democrática, con todas sus precauciones, instituciones que vigilan, deontología, tiene este debate. Hay allí un sector público que depende, en cierta medida del Estado, pero siempre se sospecha que el gobierno pueda intervenir. Por otra parte hay grupos mediáticos muy importantes que defienden sus intereses empresariales y también se sospecha que lo que publican, sobre todo hablando de Francia donde los grupos empresariales son grandes grupos que trabajan para el sector militar o el de la construcción, esté relacionado con sus intereses. Este debate no es un debate argentino, si me permiten. Ocurre en todo el mundo.

-Pero habrá singularidades…
-Estuve en Ecuador y ocurre el mismo debate, en Venezuela este debate lleva diez años. En muchos países de América latina existían lo que podemos llamar latifundios mediáticos. Hoy en día, hay gobiernos democráticamente elegidos en perfecta legalidad que están tratando de crear un mayor equilibrio entre el sector público y el sector privado. Les restan una parte del espacio a los antiguos latifundios y esto crea un debate. Hay que verlo como un debate democrático porque hoy en día los grupos mediáticos, el Gobierno, el Estado o los periodistas, tienen interés en que se clarifique esto. El mayor interés de los periodistas es salvaguardar su derecho en dar una información que no es determinada por el poder del dinero o por el poder político.

-Ha estado con Fidel Castro, con Correa, con Chávez, ¿qué transmiten con respecto a su visión de lo que debe ser la relación con los medios? Saquemos a Cuba, un caso distinto.
-Sí, allí, sencillamente no hay discusión. Y yo creo que Correa y Chávez, como tantos otros dirigentes, lo que tratan de crear es un servicio público de información. Que no sean las empresas las que tengan todo el poder mediático, que tengan menos. No por ello han conseguido reducir la intensidad de los ataques contra estos gobiernos, que son democráticos. Basta con leer la prensa dominante en Venezuela. Aunque Chávez se ha sometido a once elecciones lo tratan de usurpador. El busca crear un espacio nuevo. Yo creo que eso es sano.

Nota publicada en Revista Ñ 05/10/11 - 12:17

sábado, 12 de diciembre de 2009

Autoayuda para corazones rotos


 

Concha Buika acaba de grabar un disco en homenaje a Chavela Vargas y llega a Buenos Aires para presentarlo. Su canto, dice, le sirve para no odiar a quienes le hicieron daño y exorcizar las penas de amor.

Por: Diego Manso
 
Ya no nacen cantantes como Concha Buika. Su intensidad viene de otros tiempos. Pertenece a una raza que ha dado nombres como los de Concha Piquer, La Lupe Yoli u Olga Guillot. Acaba de editar, junto al pianista cubano Chucho Valdés, un disco homenaje a Chavela Vargas, El último trago, que por estos días presenta en Buenos Aires.

-¿De pequeña ya cantaba?

-Yo creo que mi cante empezó antes que mis palabras. En mi casa somos todos muy músicos, muy bailarines y muy cantarines. Mi abuela, por ejemplo, cantaba cuando quería decirle algo a mi madre y no se atrevía a enfrentárselo con la palabra. A veces estábamos en la cocina y mi abuela se ponía a cantar desde la terraza y mi madre decía: "Mira todo lo que me está diciendo". Mi abuela estaba cantándole, pues, lo que quería decirle.

-¿Canciones?

-No, no... ¡Lo que quería decir!

-Lo que quería decir, pero cantando...

-Claro... Entonces yo cantaba de todo. En mi casa siempre hubo tocadiscos y siempre hubo discos y nosotros reproducíamos todo lo que oíamos. Imagínate, éramos africanos que llegaron a una tierra que no entendían, así en aquel momento todo lo que nos viniera era bueno.

-¿Su madre de qué trabajaba?

-Limpiando. Cuando mi papá se marchó limpiaba en hoteles, en casas y así...

-¿A su padre no lo ha vuelto a ver?

-No, no lo volví a ver más. Mi papá se marchó cuando yo tenía nueve años. Era escritor y trabajaba en un banco. Una total contradicción. La suya hubiera sido una vida muy bella si la hubiese sabido vivir. El huyó de Guinea porque era una persona que creía en la libre expresión y en una serie de conceptos que en una dictadura no son posibles. Entonces, como era un incendiario, de izquierdas total, se refugió en Mallorca. Y allí desarrolló su escritura...

-¿Y llegó a editar los libros?

-Sí, claro que editó los libros.

-¿Y dónde está su padre, entonces?

-Pues no lo sé, porque mi papá murió en el presente. Quiso morir en el presente. Yo no creo en el futuro. Y el pasado es tan extraño y confuso que mitad lo invento; la cabeza funciona de esa manera. Cuando una persona se aleja de ti quiere marcharse de tu presente, no de tus recuerdos ni de la posibilidad de un futuro... Claro el futuro es un invento malicioso y estamos condenados a un presente constante.

-¿Y la esperanza dónde la pone?

-Ese es otro mal invento, porque la esperanza te hace soñar con felicidades futuras, te impide darte cuenta de la caricia del ahora y piensas que es menos de lo que te puede traer la vida. La esperanza es peligrosa si no se la sabe emplear. Un arma de doble filo. La rendición no es siempre propia de cobardes, también es propia de cansados, ¿me entiendes?

-¿Y qué hacemos con la resistencia entonces?

-Ah bueno, pero esa es una condición sin ecuánime del ser humano... Es muy difícil lo del teorizar con el ser, con las esperanzas, porque puedes confundir necesidades con deseos. Por ejemplo, ¿qué conflicto tenemos con la soledad, cuando resulta el lugar desde donde uno se construye? Es vital la soledad y, sin embargo, la tenemos como una gran enemiga. Vemos al desamor como a un monstruo enorme y horrible cuando, en realidad, es el primer paso del amor hacia uno mismo. Hay que tener cuidado con los conceptos aprendidos, porque luego nos convertimos en víctimas abstractas y eso es peligroso, porque nos hace débiles.

-¿Dice que al desamor, entonces, hay que llorarlo todo de pronto y ya?

-Pues llora, coño, si es lo que te pide el cuerpo. Pero normaliza la situación. Que una persona te deje es un hecho asumible. Yo estoy sola, ¿me ves mal?, ¿me pasa algo?, ¿se me ha caído un ojo? ¡No! La putada es estar acompañado y sentirse solo. ¿Estoy sola? Asumible. Nací sola, cago sola, da igual. Estoy sola: partamos de aquí. No empieces a verter sobre la otra persona todo el sinfín de tus miedos, que ya los tenías antes de que apareciera.

-¿Y cómo se relaciona todo esto con cantar las penas de amor?

-Es que utilizas el cante para quitarte la pena. Para solemnizar el dolor. Eso es algo que Chavela Vargas nos enseñó cómo hacer.

-¿Entonces exorciza las penas?

-Las coloco en su sitio. Sacártelas, no te las vas a sacar en tu vida. Hay una cosa que siempre me preguntan acerca de haberle cantado a Chavela: me dicen que cuando escuchan el disco se dan cuenta de que no la copié... Es que yo canto desde mi propia herida abierta, abierta que no sangrante. Abierta para saber adónde no quiero volver.

-¿Adónde no quiere volver?

-Donde ya estuve y no me gustó.

-¿Y qué es eso?

-Donde no me supieron querer, donde fui torpe a la hora de expresarme. Donde no me sentí cómoda. ¿Para qué volver ahí? No hay que dirigirse hacia las mismas cosas que nos han hecho daño. En una secuencia lógica de vida la repetición es un error: nunca ves al mismo pájaro pasar de la misma manera, ni a la misma ola romper en la misma playa. No volvería a nada que me ha hecho daño.

-¿Y su madre vive?

-¡Y colea y canta! Mi madre es el terremoto de Mallorca. Sucede que el cante, en Africa, es un modo de expresión usado por todo el mundo, no sólo por los cantantes. En Africa no existe el concepto de "este canta bien o este canta mal"...

-¿Usted estudió canto?

-Tengo una pequeña pelea con eso: nadie me puede enseñar cómo llorar. Esto que dicen, que te enseñan a utilizar tus cuerdas, que te enseñan a respirar... ¿Qué tontería es esa? Si el cante es la expresión de mis sentimientos, nadie me puede decir cómo hacerlo. Entiendo que si quieres hacer ópera es lógico que necesites una disciplina concreta. Como cantante, creo que, para aprender a cantar, antes tienes que aprender a escuchar. Olvídate de estudiar a otras cantantes, estudia a trompetistas, a saxofonistas, a buenos pianistas...

-Es que los profesores de canto le han hecho mucho daño a la música popular...

-De acuerdo. ¡Hay tantos cantantes confundidos detrás de sus miedos! Luchando por grammys, por lujos, por mogollón de cosas. Les han metido mucho miedo en el cuerpo.

-¿Y qué cantantes le gustan?

-Todos. Los músicos no sabemos nada de música, no tenemos ni puta idea. Es quien paga una entrada a un concierto el que sabe de música, el que, después de pagar toda la mierda que nos hacen pagar, se gasta el dinerito que le queda en comprarse un disco. Los músicos somos militantes de la única religión legítima que existe, que es el arte. Somos soldados de un ejército que conspira para que el arte siga siendo la única religión que, de verdad, le sirve a las personas para redimirse, gozar, reír y para descansar un momento. Pero no sabemos nada de música.

-Es la segunda vez que viene a Buenos Aires...

-Pero es la primera vez que tengo conciencia de ello, porque la primera vine muy cansada, en un invierno que no había mucha luz y no vi mucho. Me quedé con dos detalles: la sala en la que actuamos y luego... ¡Es que sois muy cariñosos vosotros! No sé por qué tenéis un mal duende que os hace pensar que caéis mal. Me da rabia esto, porque se os quiere muchísimo... Se escucha mucho la música vuestra, gusta mucho el recuerdo poético que se tiene de vuestra escritura... Mercedes Sosa, por ejemplo...

-¿Llegó a verla en vivo?

-Y me mató cien veces, con cada expresión. No ha habido nadie como ella en la historia... Mercedes era una sabia del paladar, una gran enciclopedia abierta de cómo expresarse, porque lo jodido es cuando no nos sabemos expresar. Guardamos demasiados secretos y nos pesan mucho, tío. Y los secretos son tales por miedo a que no nos entiendan...

-O a que no nos quieran, o a que nos dejen de querer...

-Vale, eso... Es que tú sabes que si te entienden no te dejan. Me puedes decir ahora mismo que te sientes extraño por estar a mi lado o puedes callártelo porque tal vez creas que yo no vaya a comprenderte. Y, en realidad, es un secreto estúpido porque puedes hablar y no pasará nada. Pero, a veces, parece que es tan gordo lo que va a pasar, que nos lo callamos y nos lo tragamos.

-Y eso es cantar, no tragarse las cosas...

-Exactamente, eso es el cante. Cantar puede ser muchas cosas. ¡Contar! El cante es contar.

-¿Y la gente que cuenta bien canta bien?

-La gente que cuenta bien, cuenta bien. El cantar es lo de menos. Nadie creía que yo podía cantar con esta voz.

-¿Con qué voz?

-¡Con la mía! Recuerdo que me encontraba con ex compañeros de clase que me preguntaban: "¿Tú qué haces?" Y yo: "¡Canto!". Y me decían: "¿Con esta voz?" Es que nunca me identificaron por mi voz. Pero bueno, no pasa nada, yo de cantar sé poco, pero tengo algo que contar.

-¿Y a Chavela la ve? ¿Le ha cambiado la vida conocerla?

-Ay, no sé. Es que a mí me recuerda mucho a mi abuela, tenía la misma mala leche.

-¿Y va a grabar con ella?

-Chavela está muy cansadita ya. Lo que hacemos es cantar juntas cuando voy a su casa.

-¿Estuvieron juntas en un escenario?

-No, tampoco... Una vez nos sacó casi a puntapiés, a mí y a la Martirio.

-¿Y después se arrepintió?

-Jamás. Simplemente después le apeteció hacer otra cosa, que fue abrirme los brazos.

-¿Y después de esto qué va a grabar?

-Ya está grabado, pero no sé qué es lo que se va a publicar. Debes tener en cuenta que de los artistas no se sabe lo que hacen, se sabe lo que publican. Grabo mucho, tengo un estudio de grabación en mi casa.

-¿Y compone todo el tiempo?

-Sí, mucho. Compongo para no odiar a nadie.

-¿Cómo es eso?

-Hace unos días me dejó mi chico. El chico con el que estaba desapareció. Yo puedo optar por odiarlo pero, aparte de que no sería justo, puedo ponerlo en una canción y me va a traer dinero. ¿Cómo puedo odiarlo si me he comprado un coche gracias a él? Yo canto para no volverme loca y compongo para no odiar... Mi papá, que es quien me dio la vida, se ha marchado y no lo he vuelto a ver. ¿Me ves mal? Si se marchó mi padre y sobreviví, que una persona de la calle vuelva a su lugar, no pasa nada.

-Pero también ha tomado la decisión de no buscarlo...

-Cada uno sabrá. Yo tengo a mi música que no me abandona.

-Entonces siempre necesitamos algo que no nos abandone...

-Nuestro latido. Tú acuérdate de respirar, que no se te olvide nunca. Además, morir de amor nunca sirvió. Porque siempre llega otro morir que te deja en manos de un tercer morir que luego le cede el paso a un cuarto que amablemente te deja en manos de un quinto que, hoy por hoy, te está matando. A nosotros nos limita la carne, pero tenemos un mundo que existe detrás de los párpados. En ese mundo, ni el cuerpo nos difama ni la distancia nos separa. El amor reina allí. En el mundo de afuera reina el tacto, reinan cosas que te hacen sentir mucho amor y que lo único que hacen es alimentar lo que está dentro. Está peligroso eso de maximizar la figura de la persona que tenemos delante, la convertimos en un ícono tan gigantesco que luego la pinchamos y la pobre persona hace plof.

-Y era una pobre persona...

-Como tú y como yo. Dejémonos respirar un poco y juntémonos un poco más.

-Volvamos a ser amigos todos...

-Todos, todos. Está muy feo eso engañarse con la soledad... Es que las personas creativas tenemos un gran enganche con la soledad porque es la única manera en que se puede trabajar. A mí la soledad me alimenta mucho...

-¿Y usted no se engaña?

-No, porque no temo. Yo me la paso muy bien estando conmigo.

-Hay gente que no, que enseguida necesita establecer reemplazos...

-Está muy jodido eso... Es cosa de pobres infelices.

-Y para uno, que se quedó mirando de afuera, es muy doloroso...

-¡Claro que duele, tío! Duele y duele.

-Pero luego pasa...

-Y si no, tú acuérdate de respirar...

sábado, 20 de septiembre de 2008

Más y más Peter Capusotto y sus videos



El misterio continúa

Es un hecho: el parate de Peter Capusotto y sus videos fue por la influencia del Partido Comunista chino en la televisacion de los Juegos Olimpicos. Pero con mas de 2 mil clips en YouTube, un DVD editado por Sony/BMG, la repeticion en VH1 y ocho programas para disfrutar hasta fin de año en Canal 7, Diego Capusotto y Pedro Saborido lograron sortear el paro de guionistas de Hollywood, la presion de las multinacionales y la conspiracion estatal. En esta nota hablan de musica.

Por Mariano Blejman
–... algo importante en el rock es justamente la palabra que lo define; ¿qué hubiese pasado si el “rock” se hubiese llamado, por ejemplo, “blas”?

Saborido: –Es como Perón, hay que tener un apellido para que se cante.

–Juan Sasturain dice que Boca y Perón son más populares porque llevan una “O”...

Saborido:–... Peróóóón explota; en cambio Alfonsíííííín... no hay mucho que hacer ahí.

–Ojo con Cobos, entonces.

Saborido: –Pero Cobos no termina de cerrar.

El diálogo ocurre entre este cronista y Pedro Saborido, guionista de Peter Capusotto y sus videos, que vuelve a salir por Canal 7 desde el lunes 22 de septiembre a las 23, después de un parate de casi dos meses. En las conversaciones con Saborido tanto como con Diego Capusotto pareciera imposible no mezclar rock, política y algo de cultura popular. En estos cincuenta años de existencia, “el rock logró convertir la rebeldía adolescente en un mundo plagado de convenciones”, cree Saborido.

Por ejemplo, el “bis”. Si se piensa bien, el “bis” es algo así como el culto al egocentrismo, también aceptado por la audiencia. El músico (o la banda) piensa un show, espera que lo aplaudan al final, y prepara de antemano esa cándida aceptación de su obra. “Hay otras cosas”, advierte Saborido. “Por ejemplo, minutos antes de un show las luces se apagan como si fuera a empezar, pero éste no empieza. Durante el show, siempre hay uno que espera el silencio para gritar que toque un tema que todos saben que no va a tocar, al menos no porque se lo griten. Hay una serie de convenciones establecidas que el público está dispuesto a aceptar, y no sólo eso sino que se siente cómodo sabiendo que éstas existen”, reflexiona Saborido. “En el programa hay una desmitificación de esa idea evangelizadora de las cosas. Amamos al rock, pero desvalorizamos esta cosa inmaculada relacionada con un movimiento, sea cual fuera”, sentencia Diego Capusotto, y no es que la sentencia sea demasiado grave.

El rock
A Capusotto le gusta Pomelo, justamente, por esa exacerbación rockera que pretende romper límites que a nadie le interesa romper, o que en realidad está lejos de romper. “Es esta cosa de que hoy la rebeldía puede ser una puesta en escena. Me divierto mucho con Luis Almirante Brown. Para nosotros, que estamos conectados a la cosa ilustrada y la lectura, Luis Almirante Brown rompe con algo que uno no espera, pasa de lo letrado al humor más básico, y eso me causa mucha gracia”, dice, serio, Capusotto. Luis Almirante Brown desmitifica la sutileza “y te hace pensar –dice Capusotto– si es un caradura o es un genio”.

Algunos creen, incluso en los pasillos de Páginal12, que imaginar un cantante popular como Bombita Rodríguez, el Palito Ortega montonero, hubiese sido una muy buena idea para llevar a la práctica en los años ’60 y ’70. “¿Quién sabe?”, se pregunta Saborido. “Es que esa construcción política era cotidiana. Estaba al lado nuestro, terminaron siendo los malos de la película, porque ganaron los malos y los demonizaron. La gente se dio cuenta tarde de que los malos eran los que demonizaban, y eso derivó en la teoría de los dos demonios”, cree Capusotto. “Creo que en El profesor tirabombas, de Luis Sandrini, estaba incorporada la cotidianidad de una comedia argentina donde los estudiantes salían corriendo porque habían puesto una bomba. Y también estaba El profesor hippie, una historia que se montaba en lo que vivía la juventud en ese momento”, rememora Saborido.

Capusotto´s world
Pero, ¿de dónde viene ese cruce de mundos, en el complejo universo de referencias que han creado Capusotto y Saborido? Esa mezcla entre la militancia política, la piel curtida de recitales, el gusto musical y la mirada cínica puede salir de un solo lugar: la infancia. Capusotto viene de una familia donde la música era parte del ambiente cotidiano. Hijo de una profesora de piano, tiene un hermano ocho años más grande que lo metió de lleno a escuchar The Beatles, Rolling Stones a los 11 o 12 años. El ex conductor de Todo por dos pesos recuerda haberse comprado el long play de Carlos Santana en Buenos Aires en 1973, después de un show en San Lorenzo. Recuerda la púa escandalosa por los surcos de Barry White, Manal o Almendra. Luego vendrían Frank Zappa, Jethro Tull, Jimi Hendrix, Led Zeppelin o Deep Purple. “Había infinidad de bandas que no llegaban. Uno empieza a revalorizarlas ahora y empieza a ver videos de bandas que circulaban en ese entonces.”

Capusotto conoce al griego Marcelo Iconomidis, valuarte del brillante archivo audiovisual de Peter Capusotto y sus videos, desde hace más de quince años. Y fue justamente el saber que Iconomidis contaba con ese background en su poder que lo llevó a proponerle, ante una idea de Daniel Morano de Rock & Pop TV, que se presentaran esos videos absolutamente desconocidos para el público local. “En los ’60 había, casi románticamente, una bandada de locos buscando un sonido. Que es algo muy distinto a querer ‘sonar de tal manera’”, dice.

El actor se acuerda de haber comenzado el peregrinaje de recitales entre las bandas que arrancaban en Floresta, a Carolina con Gringui Herrera en el ’77, a Memphis en el ’81, a Crucis en el Coliseo (al Adiós Sui Generis no fue porque no le consiguieron la entrada), a León Gieco, a Alma y Vida, a Pastoral, a El Reloj, a Litto Nebbia y a Pie Ligero, donde empezó a tocar la batería, medio de casualidad. “El último recital que me gustó mucho fue Iggy Pop en el ’92, y no sé si fui a otro después. Hace poco fui a ver al Negro Fontova”, confiesa Capusotto.

Saborido rememora, también, iconografías similares, recorridos parecidos y cree que el rock nació como una “cuasi ideología”, donde escuchar música era también la cuestión filosófica que circulaba alrededor. “Era más intenso, más concentrado. Se compraban los discos, leías El Expreso o la Pelo, la revista Subtes. La cuestión era estar dando vueltas.” No se puede saber si Sui Generis era el rock chabón de entonces, pero que era barrial, era barrial, asegura Saborido.

Capusotto: –En esa época se mezclaba todo. Patti Smith o Jimi Hendrix también querían ser famosos, pero era también esa corazonada adolescente, que se enoja con lo que está viviendo. Antes había que llamar la atención de manera más intensa. Acá, como en Estados Unidos, las bandas duraban dos o tres discos, no formaban fila en lo comercial.

El show-bis-ness
Si algo aportó Peter Capusotto y sus videos a la manera de consumir rock es la capacidad de relajar la lectura del show-bizz. “El rock no tuvo la capacidad de ser gracioso, de reírse. Se tomó demasiado en serio”, cree Saborido. “Pero los personajes que hacemos van más allá del rock.”

–¿Los personajes remiten a imágenes de su infancia?
Saborido: –Juan Carlos Pelotudo es un personaje de la adolescencia. Es la situación de fogón, la frustración de aprender a tocar la guitarra o no. Luis Almirante Brown era el primer encuentro con el Spinetta de Artaud, de Jade. Aunque no se sabe bien si Luis Almirante Brown es un chanta o no. El tipo va cambiando de vida, salía con un tipo de mina, ahora se engancha otro. Sabe cómo construir poesía, pero sabe que con “ojete” y “culo”, se llega mucho mejor.

Capusotto: –La música también tiene un vínculo entre quien ejecuta y quien escucha que es emocional, solidario. El sonido se comparte, también tiene su discurso, también pertenece a un clan.

–Salvo que quien la ejecuta sea Micky Vainilla...
Capusotto: –Lo que subyace detrás de Micky Vainilla es un discurso que parece racional y correcto. Hay que exagerarlo para que provoque ese efecto, pero como metáfora tiene que ver que detrás del discurso moderador está la tragedia y el horror. Esto de que no se profundiza y se acepta todo, la gente habla demasiado por los medios, en la mezcla no hay profundización y todo empieza a caber. Capaz que Micky Vainilla tiene un club de fans, y los fans creen que está bien.

Sin embargo, a pesar de todo lo dicho (o justamente por eso), los personajes de Peter Capusotto y sus videos no surgen de ninguna clase de investigación antropológica urbana sino, más bien, de la cultura que cargaban encima. “Un rolinga puede ser un Minguito de hace 25 años, como el chiste de Rep del lunes pasado. Un emo antes era un dark”, dice Saborido. Justamente, el emo iba a ser un dark que “tiene más sustento ideológico desde lo generacional. Pero después vimos un informe sobre los emos, e imaginamos algo más actual. Pero tampoco hago de un adolescente emo, es un tipo grande que tiene problemas. Soy yo mirando un semáforo que se pone en rojo y sufre, está ubicado estratégicamente sobre algo que circula, pero supera eso”, cierra Capusotto, esta vez sin despeinarse, ni sufrir.

Fuente: Suplemento NO de Página 12